El estado emocional del deportista y las lesiones

La lesión es una de las fases más temidas del deportista, para la que muy pocos se preparan, hasta que no la tienen de frente. Una lesión conlleva consecuencias negativas para el rendimiento deportivo, no sólo por las limitaciones físicas que genera, sino también por sus consecuencias psicológicas.

El impacto psicológico que sufre el deportista cuando pasa por una lesión en ocasiones pueden ser incluso más importantes que la parte física. No olvidemos que  la pérdida repentina de su actividad deportiva puede crear en el deportista un estado psicológico comparado con el de un proceso de duelo.

Dentro de las fases naturales de la lesión , podemos encontrar preocupación, inseguridad por lo desconocido y miedo al cómo será la vuelta, entre otras.

Las fases

Negación: El deportista no acepta lo ocurrido y se encuentra en estado de shock.

Enfado: Toma consciencia de la trascendencia y el impacto de la misma, de lo que supone y se siente muy frustrado por ello.

Incertidumbre: No controla los tiempos de recuperación y tampoco sabe lo que vendrá, ni cómo será. Aparecen dudas, ¿Seré el mismo jugador? ¿Perderé mis habilidades? ¿Podré volver al mismo nivel que estaba? ¿Seré titular de nuevo? ¿Será el fin de mi carrera?

Desánimo: A medida que avanza la recuperación habrá alti bajos, sensación de avanzar y sensación de estancamiento. Permitirse estar triste es importante.

Aceptación: Aquí se comienza a centrar la atención en lo que realmente depende del deportista. Será fundamental tener una buena actitud que facilite el progreso.

Reincorporación: Transición progresiva a su actividad con miedo a las recaídas. Es momento de trabajar la seguridad y la confianza en uno mismo.

Trabajar con un psicólogo deportivo

El cómo se enfrente uno a esta etapa, dependerá en gran parte de la personalidad del deportista y de la capacidad resolutiva que éste tenga.

Entender que la parte mental juega un papel relevante en la prevención y en el tratamiento de lesiones en la vida del deportista, es darle el sitio que se merece, trabajando de manera continuada con un psicólogo deportivo. 

Este trabajo dará seguridad al deportista, que es fundamental, porque la seguridad es lo primero que se pierde cuando se sufre una lesión y es necesario que poco a poco se vuelva a recuperar.

Poseer las herramientas adecuadas para anticiparse y gestionar las diferentes etapas dentro del deporte, ayudará al deportista a anteponerse a situaciones de adversidad y por tanto a potenciar su rendimiento.

Muchos deportistas desconocen el trabajo que puede realizar un psicólogo deportivo en esta etapa. La clave está en saber que las emociones puedes potenciar el trabajo de rehabilitación, y por contra, bloquearlo. Si nos ayudan a gestionar estos aspectos estaré trabajando una parte fundamental que mientras, la estoy dejando de lado.

El impacto del estrés y la ansiedad

La preparación física es importante, pero la mental también. El estrés puede influir en la vulnerabilidad integral del deportista y como todos sabemos, los deportistas profesionales están expuestos  a una gran exigencia, que si se convierte en presión, puede generar una amenaza.

Las emociones pueden influir en las lesiones. Cuando el jugador se encuentra mal psicológicamente, su rendimiento desciende y aumenta el riesgo de producirse una lesión muscular.

El estrés tiene un origen psicológico, pero su impacto es psicofísico. Cuando los deportistas paran por un periodo de estrés, lo primero que se encuentra entre otras cosas es una excesiva tensión muscular, y eso genera más probabilidad de que se puedan producir contracturas. También identificamos entre otros aspectos, que disminuye la atención y la concentración, por lo que es fácil que observemos más despistes que pueden terminar en caídas.

La reincorporación

La reincorporación tras una lesión es un momento crítico, ya que la situación en sí genera mucha incertidumbre por las expectativas que se ha creado el implicado y también las del entorno. Aparecen dudas respecto al rendimiento del mismo a su regreso y el miedo a una futura recaída con todo lo que conlleva.

Ha de ser algo progresivo para que el deportista vaya recuperando sensaciones y fortaleciendo su autoconfianza. Dependerá de la gravedad, del tiempo que le haya mantenido alejado de la competición y del proceso que se haya realizado de la misma. 

El entorno

Cualquier persona necesita encontrarse en armonía con su entorno para vivir, si hablamos de deportistas de élite, donde se les pide el máximo y sus exigencias son mayores, todavía cobra más sentido que su entorno le proporcione toda la estabilidad posible para que puedan trabajar desde la comodidad.

Es por eso que el papel que juega la familia, entrenador, compañeros…será fundamental en la gestión que pueda llevar.

Transmitir seguridad, tranquilidad, apoyo, acompañar sus emociones sin rechazarlas, ofrecerle alternativa, herramientas y a veces, simplemente, estar.

Olvidarnos de las prisas, las exigencias o transmitirle que estamos peor que ellos. El entorno tiene que ser una herramienta de amortiguación.

Pautas

  • Desarrolla rutinas similares a las que utilizabas antes de la lesión
  • Mantén una actitud positiva enfocada en lo que depende de ti
  • Gestiona los pensamientos negativos y aprende a dirigirte a ti mismo con términos positivos
  • Trabaja la visualización para evitar perder el gesto técnico
  • Establece nuevas metas progresivas
  • Controlar las expectativas
  • Acepta el cambio y date tiempo
  • Controla las respuestas emocionales que se vayan dando
  • Trabaja con un psicólogo deportivo que te enseñe como llevar esta etapa de la mejor manera con el fin de favorecer la recuperación

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