El error es la mejor forma de enseñar

La semana pasada compartí con mi amigo y compañero Francisco Castaño un directo de instagram sobre «Cómo ayudar a que nuestros hijos gestionen sus errores» y es por ello que he querido aprovechar para plasmarlo en esta entrada con el objetivo de compartirlo.

Los padres y educadores jugáis un rol protagonista como guías durante el crecimiento de los más pequeños.

Desde que yo estudiaba y ahora como profesional me encuentro con familias, educadores, entrenadores que siguen entendiendo el error como un fracaso.


¿Cómo ayudar a que los errores de nuestros hijos sean oportunidades?


  • El error es una oportunidad de aprendizaje

Cometer un error y ser corregido en el momento es una de las maneras más poderosas de adquirir y retener un aprendizaje.

Los errores potencian la capacidad de análisis de los más pequeños y además los impulsan a buscar otras estrategias activando su parte más creativa.

  • El enfoque que padres y educadores utilizan

Tenemos la mala constumbre de relacionarnos con el error como si fuera un enemigo y no es así. Si lo escuchamos y lo observamos podremos saber qué ha pasado para poder cambiar la ruta de aprendizaje que nos había llevado hasta allí.

El cómo reaccionamos ante la respuesta equivocada de un pequeño y el cómo le ayudamos a aprender de sus errores, va a resultar clave en cómo ellos lo interpreten y en cómo se van a relacionar con el error en la etapa adulta.

Si les transmitimos que fallar es cosa de pocos y demostramos enfado, ayudaremos a que no vuelvan a intentarlo por miedo a fallar creando niños cohibidos.

Dejar claro que «aquí» están permitido los errores es por donde tendríamos que empezar.

  • El feedback y la cadena del error

Tienen que probar, equivocarse y llegado ese punto es necesario que por parte del adulto haya un feedback positivo en el momento donde se le explica cómo hacerlo.

Luego hay que ayudarles a reflexionar sobre lo que les hemos dicho, cerciorarnos que lo han entendido según la edad y animarlas a que lo vuelvan a intentar.

Práctica- error- feedback- reflexión- volver a intentarlo

  • Evitar los errores de los hijos si que es un error

Evitarlo solo retrasa que aprendan a gestionarlo y perjudica el proceso de aprendizaje de los niños.

Me encuentro con que muchos padres quieren evitar el sufrimiento de los hijos haciéndoles ver que siempre ganan o que no se equivocan, eso es engañarles. Intentar que los hijos no sufran no es ayudarles.

El no dejarles equivocarse, hace que cuando sean adolescentes y se equivoquen, sin estar al lado de los padres, no entiendan ni sepan por qué, ya que nunca se han visto enfrentados a una situación similar.

Animarles a que adquieran el hábito de corregir sus propios errores y puedan así aprender a corregirlos.

  • Predicar con el ejemplo

La mejor manera de enseñar es mostrando con nuestros actos lo que queremos. Es por ello que reconocer que como adultos nos equivocamos y además pedir disculpas a los pequeños nos permita entender el error como algo natural.

Muchas veces sentimos que reconocer el error nos debilita o nos hace sentir vulnerables pero lejos de ello nos permite avanzar, crecer y enseñar a que los pequeños que estén a nuestro alrededor también lo hagan.

  • Reforzar el progreso

Parte del refuerzo para por transmitir a los niños que asumir sus propios errores les hace ser personas más maduras, además, es importante alabar la habilidad de ellos al reconocerlos puesto que les hará sentirse más fuertes.

Reconocer sus progresos y ver cómo se relacionan con sus propios fallos de una manera constructiva es muy meritorio, hacérselo saber.

  • Consecuencias, que no castigos

Diferenciar qué tipo de errores nos encontramos; Si son errores por falta de responsabilidad como por ejemplo; no hacer su cama, no estudiar o no cumplir con una tarea determinada. O si son errores de aprendizaje a la hora de adquirir una nueva habilidad, técnica o destreza; que se le caiga un plato, que le cueste aprender la tabla de multiplicar o que se ponga los calcetines del revés.

Si son responsabilidades entonces hablamos de que se necesitan normas y límites. Si hablamos de aprendizaje puro, se necesita tiempo y acompañamiento.

Los castigos, como bien dice mi amigo Fran Castaño, se ponen para fastidiar a los pequeños cuando ya han llevado al adulto al límite. Lo ideal es que se marquen consecuencias. De esto os hablaré muy pronto.

Machacar con el error, castigar cuando ni ellos saben a veces que es lo que han hecho mal, solo hace que se entre en una espiral negativa donde se verá afectada su autoestima, y lo peor de todo, volverá seguramente a fallar porque no se le ha enseñado ni ayudado a cómo hacerlo mejor.


Si eres adulto; Padre, madre, entrenador, entrenadora, educador, educadora, monitor, monitora…..si tienes niños pequeños a tu cargo por poco tiempo que sea, por favor, implícate para que por cada error encuentren una oportunidad, la oportunidad de aprender.

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