La ansiedad en el deporte

La ansiedad en el deporte

Seguro que todxs hemos oído hablar de la palabra ansiedad…. Pero… ¿Qué es la ansiedad? Simplemente es un estado mental que nos llena de inquietud, de excitación y de una gran inseguridad. Aunque realmente, la ansiedad es simplemente un mecanismo defensivo, un sistema de alerta ante situaciones consideradas amenazantes. Su función es movilizar al organismo, mantenerlo alerta y dispuesto para intervenir frente a los riesgos y amenazas, de forma que no se produzcan o se minimicen sus consecuencias. La ansiedad, pues, nos empuja a tomar las medidas convenientes (huir, atacar, neutralizar, afrontar, adaptarse, etc.), según el caso y la naturaleza del riesgo o del peligro. Es un mecanismo adaptativo del ser humano, por lo que no siempre es negativa su presencia, aunque nuestra sensación cuando la experimentamos sí lo es. Y si, la ansiedad en el deporte existe y está muy presente

Los entrenadores o cuerpo técnico deben saber cómo combatir la ansiedad en el deporte y, sobre todo, como ayudar al deportista.

¿Y por qué no va a disfrutar un deportista? ¿Qué puede estar pasando para que no disfrute practicando deporte o compitiendo? Normalmente, que está demasiado centrado en el resultado de sus acciones, pensando en lo que podría pasar si le saliese mal, en lugar de estar pensando en la acción en sí misma. No es algo extraño en la alta competición.

Entrenando se encuentra tranquilo porque no hay la misma presión que durante una competición: no hay público, nadie más te está evaluando excepto tus compañeros y el entrenador… en un entrenamiento además te puedes permitir el lujo de arriesgarte y fallar porque para eso se entrena. No hay ningún riesgo o consecuencia.

Básicamente, cuando entrena no piensa en que si falla pasará algo malo, simplemente lo hace, sin ninguna presión. En cambio, cuando sale a competir, sale con la presión de tener que hacerlo bien sí o sí, con lo que es difícil que se concentre en lo verdaderamente importante.

En este caso, debe haber un cambio de mentalidad: o compites pensando en lo mismo que entrenando o entrenas pensando lo mismo que compitiendo. Lo ideal es lo primero, pero lo segundo es igual de válido si te funciona. Si no hacemos esto no nos valdrá nada el entrenamiento: será como si entrenásemos a baloncesto y compitiésemos a fútbol, deportes totalmente distintos.

Es de gran importancia ser capaces de centrarnos en el momento presente y no anticipar eventos o situaciones futuras. A esto se le llama ansiedad anticipatoria. ¿De qué se trata? Básicamente una vez que hemos experimentado una situación en la que hemos sufrido, cuando interpretamos que podríamos sufrir de nuevo, nos protegemos. Pensamos que estar atentos al peligro nos hará mejorar y cometer menos errores, consiguiendo todo lo contrario: como hemos hecho del error nuestro centro de atención, estamos impidiendo que podamos competir de forma fluida y disfrutando.

Estar tranquilos, seguros y confiados es una de las claves para conseguir el éxito. Cuando pasa esto, lo ideal sería ser capaz de concentrarse en aquello que has repetido miles de veces en los entrenamientos y que te han llevado a dónde estás en ese momento, desviando el pensamiento hacia la ejecución y al momento presente. Simplemente a fluir. Aunque claro, esto no es algo sencillo, requiere de mucho entrenamiento.

¿Qué debería hacer el entrenador desde el punto de vista psicológico?

·         El día que haga un muy buen entrenamiento, aprovechar la ocasión para felicitarle y hablar con él, siempre a solas, intentando averiguar las causas de su bajo rendimiento en las competiciones. Mostrar preocupación por su estado hace que el deportista se sienta valorado y escuchado.

·         Intentar conocer los motivos que le ponen nervioso en la competición, pero también aclarar si tienen que ver con el comportamiento del propio entrenador, compañeros, familiares, etc. Eso nos permitirá adecuar el contexto del deportista siempre que sea posible en los días de competición.

Generalmente, las razones expuestas por el deportista podrían ser dos:

1ª: Tiene miedo a hacer las cosas mal y no responder a lo que se espera de él (expectativas).

2ª: Su cabeza está llena de pensamientos negativos relacionados con las consecuencias de sus acciones, se pone nervioso y no respira bien (nivel de activación excesivamente elevado).

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