En el deporte, sobre todo en el alto rendimiento, los resultados suelen mandar. O al menos, eso es lo que nos han hecho creer. A menudo, los deportistas caen en una trampa peligrosa: fusionar lo que hacen en el entreno o competición con lo que son.
Cuando llevamos mucho tiempo compitiendo, aprendemos a asociar nuestro valor personal con el marcador final. Si gano, «soy un ganador»; si fallo, «soy un fracaso». Este mecanismo psicológico hace que nos «enganchemos» tanto a nuestros errores (o incluso a nuestros éxitos pasados) que nuestra identidad queda secuestrada por el último partido o por aquella gran victoria o marca.
Pero, ¿qué ocurre cuando crees que tú eres tu rendimiento? Que el miedo te puede bloquear.
Todos los deportistas cometen errores; es una parte más dentro del juego. Sin embargo, el problema surge cuando interpretamos ese error no como un dato para mejorar, sino como una etiqueta en nuestra frente.
Al fusionarnos con el fallo, se dispara el miedo a la evaluación social. Sabemos que la competición genera estrés precisamente por esa incertidumbre del resultado y por la evaluación que percibimos de los demás (entrenadores, afición, familia). Si creo que fallar un pase me convierte en un «mal jugador», mi cerebro activará una señal de alerta máxima.
El resultado se convertirá en un bloqueo. Para proteger nuestra identidad, dejamos de intentarlo. Aquí es donde vemos cómo una baja autoconfianza repercute negativamente en la motivación. El deportista prefiere no tirar a puerta, no lanzar a canasta.. antes que arriesgarse a confirmar esa etiqueta negativa que él mismo se ha puesto.
Para entender que tú no eres tu rendimiento, miremos a la élite. Imaginemos a una estrella del baloncesto mundial, alguien como Stephen Curry o LeBron James.
¿Acaso no han tenido noches nefastas con porcentajes de tiro bajísimos? Por supuesto. Han perdido finales y han fallado tiros decisivos. Pero aquí está la clave: eso no les hace peores deportistas ni peores personas.
Un mal partido es simplemente eso: un mal partido. Si estos deportistas se fusionaran con ese error, no volverían a lanzar en el siguiente encuentro. Sin embargo, entienden que su identidad (su talento, su trabajo, su valor) es mucho más grande que el resultado de un sábado por la noche. Saben gestionar esa incertidumbre que no depende totalmente de ellos.
El trabajo psicológico aquí es vital. Debemos aprender a separar la acción de la persona.
El Rendimiento es algo que tienes (un mal día, una buena racha).
La Identidad es lo que eres (tus valores, tu esfuerzo, tu capacidad de superación).
Cuando logras desengancharte de esa fusión, recuperas la libertad para jugar. El error deja de ser una amenaza a tu ego y vuelve a ser simplemente información para el aprendizaje. Recuerda que la autoconfianza es clave para mantener la motivación y afrontar la competición.
No dejes que un fallo defina tu carrera, ni que un éxito oculte tus áreas de mejora. El objetivo final debe ser el desarrollo integral, donde el deporte sea un medio para crecer, no un juez de tu valía personal


