¿Cuántas veces has sentido que un partido o una competición se te escapa de las manos no porque tu rival sea mejor, sino porque una decisión «injusta» te sacó por completo de tus casillas? Un error arbitral, una mala racha de viento o un fallo mecánico de última hora pueden sentirse como una bofetada. En ese instante, una oleada de calor y rabia te invade: ha aparecido la frustración.
Como psicólogo del deporte, te diré algo : sentir frustración no es el problema. El verdadero peligro es dejarte arrastrar por ella.
Solemos ver la frustración como una emoción destructiva que debemos borrar. Sin embargo, en psicología deportiva sabemos que toda emoción tiene una función, tiene una utilidad. La frustración aparece cuando una expectativa choca contra lo que esta pasando realmente. El mensaje es muy claro: «Esto nos importa mucho y las cosas no están saliendo como queríamos».
Por lo tanto, la frustración te intenta ayudar de una manera primitiva: moviliza una enorme cantidad de energía física y mental para que reacciones. El problema es que, en el deporte de competición, la rabia nos ciega más que ayudar. Si te dejas llevar por ella, tu nivel de activación se disparará por encima de tu zona óptima. Perderás precisión, tu foco de atención se reducirá y tomarás decisiones precipitadas que arruinarán tu rendimiento.
Para manejarla: La regla del control
Para que la frustración juegue a tu favor y no en tu contra, debes aplicar una estrategia psicológica fundamental: la división de control.
Cuando ocurra esa situación que consideras injusta, tómate dos segundos y hazte una pregunta muy rápida: «¿Esto que acaba de pasar depende de mí?».
- Si la respuesta es no (el silbato del árbitro, el público, la suerte), déjalo ir inmediatamente. No puedes cambiarlo y gastar energía ahí es regalarle ventaja al rival.
- Si la respuesta es sí, redirige toda esa energía acumulada hacia tu siguiente acción.
¿Cómo llevarlo a la práctica en plena acción? A través del autodiálogo. En lugar de engancharse al pensamiento repetitivo de «¡Qué injusto es esto!», sustitúyelo por una instrucción técnica y presente: «Ya está, siguiente. Ahora, rodillas flexionadas y balón al suelo» o «Foco en el siguiente punto». Cambiar el foco hacia lo que tienes que hacer equilibra tu nivel de activación y te devuelve el mando del partido.
La próxima vez que pase algo injusto en el terreno de juego, no intentes ignorar la frustración. Mírala, acepta que está ahí porque deseas ganar, y úsala como combustible para ejecutar tu próximo movimiento. Al fin y al cabo, el rindeno es el que nunca sufre contratiempos, sino el que decide no dejarse arrastrar por ellos.
¿Sientes que te cuesta recuperar el control cuando las cosas se ponen en tu contra? Cada deportista tiene un contexto y unas necesidades únicas. Conoce las tuyas.



