El otro día, en sesión, una nadadora de natación artística me confesaba: “Tengo miedo a ahogarme en mitad de la rutina”. No hablaba de un miedo literal, sino de esa sensación de no poder aguantar lo suficiente bajo el agua y quedarse sin aire antes de terminar la coreografía. Lo que más me sorprendió es que lo decía con cierta vergüenza, como si fuera un problema personal, pero lo cierto es que es mucho más común de lo que pensamos.
Lo que se ve y lo que no se ve
Cuando pensamos en natación artística, lo primero que imaginamos es la belleza de sus rutinas: movimientos perfectamente sincronizados, técnica impecable, sonrisas constantes y todo flotando en el agua con aparente facilidad, sin una base sólida bajo sus pies. Desde fuera, parece un deporte de control, armonía y elegancia.
Pero detrás de esa imagen también hay dudas, tensiones y miedos. Uno de los más frecuentes es este: el miedo a “ahogarse”. Como decía antes, no es miedo a perder la vida, sino a no poder completar la apnea necesaria para acabar la rutina. Esa angustia de pensar que el aire no va a alcanzar para llegar hasta el final.
Aunque no siempre se dice en voz alta… muchas nadadoras lo sienten.
El ciclo del miedo: cuando la mente se adelanta al cuerpo
El cuerpo suele estar preparado. Las deportistas entrenan horas de apnea, trabajan la resistencia y conocen perfectamente sus tiempos. Sin embargo, la mente a veces se adelanta.
Aparece el pensamiento: “No voy a aguantar hasta el final”. Ese pensamiento dispara el miedo. El miedo acelera el pulso, tensa los músculos y hace que consumamos más oxígeno. El resultado es justamente el temido: menos aire disponible.
Y ahí se cierra el círculo: miedo → más consumo → menos aire → más miedo.
Cuantas más veces se repite, más se refuerza la creencia de que “no voy a poder terminar”.
Estrategias para superar el miedo a ahogarse en natación artística
Si alguna vez te has sentido así, lo primero es recordar que esto se puede entrenar. Igual que se entrena la técnica o la resistencia física, también se puede entrenar la mente.
Aquí te comparto algunas estrategias útiles:
1. Entrenamiento progresivo
Trabaja la apnea poco a poco. Empieza con tiempos cortos y aumenta gradualmente. Tu mente necesita evidencia real, no solo frases de ánimo. Recuérdale las veces en las que sí lo lograste.
2. Respiración consciente antes de entrar al agua
Practicar respiración diafragmática o técnicas de relajación fuera del agua ayuda a empezar con mayor calma y control del aire.
3. Cuida tu diálogo interno
Transforma frases como “me voy a ahogar” en mensajes de confianza:
- “mi cuerpo sabe hacerlo”
- “un movimiento a la vez”
- “me concentro en lo que toca ahora”
4. Visualización con calma
Imagina la rutina completa bajo el agua, sintiendo fluidez y control. Si además practicas apnea en seco mientras visualizas, tu cerebro se acostumbra a esa sensación de falta de aire y aprende a gestionarla mejor.
5. Habla de ello
Compartir este miedo con tu entrenadora o tu equipo lo normaliza. Muchas veces descubrirás que no eres la única y que juntas pueden encontrar soluciones.
Cuando necesitas ayuda profesional
A veces, el miedo es tan intenso o se ha repetido tantas veces que resulta difícil romper el ciclo por una misma.
En esos casos, pedir ayuda no es una debilidad: es una forma inteligente de cuidarte. Trabajar con un/a psicólogo/a del deporte puede ayudarte a entrenar la mente con la misma disciplina con la que entrenas tu cuerpo.
Conclusión
Lo que vemos desde la grada son rutinas impecables, sincronía y sonrisas. Pero lo que lo sostiene son horas de entrenamiento físico… y también un enorme esfuerzo mental.
Aprender a gestionar el miedo a no aguantar hasta el final de la rutina no solo mejora el rendimiento, también devuelve la confianza y el disfrute de este deporte tan exigente como apasionante.
Raquel Venque
Psicóloga del Deporte


