En el deporte solemos hablar de aspectos físicos, técnicos o tácticos como los principales responsables del rendimiento. Sin embargo, existe un elemento silencioso que actúa en cada entrenamiento y en cada competición, y que con frecuencia pasa desapercibido: la atención. Esta capacidad de dirigir y mantener el foco en lo que realmente importa es uno de los pilares de la psicología del deporte, y a menudo marca la diferencia entre un rendimiento estable y uno lleno de altibajos.La atención no es solo “estar concentrado”. Es un sistema complejo, compuesto por distintos tipos de focos, mecanismos de selección y procesos de inhibición. Es limitada, fluctuante y extremadamente sensible a las demandas del contexto. En cualquier disciplina deportiva, desde un deporte individual como el golf o la natación hasta uno colectivo como el baloncesto o el hockey, la habilidad para regular la atención influye directamente en la calidad de las decisiones, la ejecución y la estabilidad emocional del deportista.Por qué la atención es tan difícil de controlarNuestro cerebro está diseñado para escanear, anticipar y evaluar continuamente. Esto es muy útil en la vida cotidiana, pero puede convertirse en un enemigo en pleno rendimiento. Durante un partido o una prueba, es habitual que la mente se vaya al pasado (“ese error me puede costar el resultado”), o al futuro (“si fallo, quedo fuera”). Este viaje mental consume recursos que después faltan para ejecutar la tarea.Además, el entorno deportivo está lleno de estímulos: ruido del público, decisiones arbitrales, acciones del rival, expectativas del entrenador, autodiálogo crítico o pensamientos intrusivos. La atención se ve constantemente empujada en múltiples direcciones, y si el deportista no aprende a gestionarla, es fácil que acabe dominado por la presión.Entender la atención para poder entrenarlaPodemos imaginar la atención como un foco que se abre y se cierra según las necesidades. Hay momentos en los que necesitamos una atención amplia (leer el juego, percibir movimientos globales, anticipar jugadas…) y otros en los que requerimos un foco muy estrecho (la ejecución de un gesto técnico, un lanzamiento, un movimiento coordinado, una respiración concreta…).El problema surge cuando la atención se desplaza hacia zonas improductivas: el marcador, los fallos, las expectativas, los comentarios externos, el cansancio o la ansiedad. Entrenar la atención no significa “no pensar”, sino aprender a dirigir el foco y traerlo de vuelta cada vez que se desvía.El ancla atencional: una herramienta simple y poderosaUna de las técnicas más efectivas en psicología del deporte es el uso del ancla atencional: un elemento concreto que ayuda al deportista a regresar al presente cuando su mente se dispersa. Puede tratarse de una respiración profunda, una palabra clave, una acción física breve (como botar el balón, ajustar el agarre, tomar una postura específica), o un gesto repetido que el deportista relaciona con estabilidad.El objetivo no es eliminar distracciones (eso es imposible), sino tener un mecanismo claro para recuperar el foco tantas veces como sea necesario durante la competición.Cómo entrenar la atención fuera de la competiciónLa buena noticia es que la atención es entrenable. Algunas prácticas útiles son:


