Hoy me han hecho una entrevista sobre maternidad en el deporte.
Y mientras respondía, me daba cuenta de algo que llevo tiempo viendo en consulta, pero que no siempre se dice en voz alta:
La maternidad no limita el rendimiento.
Lo que lo limita es la estructura del entorno y la cultura deportiva.
Durante años, muchas deportistas han vivido la maternidad como una pérdida.
Como si hubiera un “antes” (válido) y un “después” (en duda).
Pero no es una pérdida.
Es una reconfiguración.
No se deja de ser deportista.
Se aprende a serlo de otra manera.
Y ahí es donde empieza el verdadero reto.
Porque no solo hay cambios físicos o logísticos.
Hay algo más silencioso, más constante:
La culpa.
Culpa por entrenar y no estar.
Culpa por estar y no entrenar.
La sensación de estar fallando en todos los frentes, incluso cuando se está haciendo todo lo posible.
Por eso, aceptar los cambios no es suficiente.
La diferencia real la marca el entorno que sostiene a esa deportista.
Un entorno que no juzga.
Que no cuestiona.
Que no la obliga a elegir constantemente.
Volver no es recuperar lo que había.
Es construir desde otro lugar.
Y eso requiere algo más que voluntad individual.
Si de verdad queremos que más mujeres puedan sostener una carrera deportiva de élite,tenemos que dejar de preguntarnos si es posible…y empezar a construir entornos donde sí lo sea.
Lorena


