Como padres y madres, queremos lo mejor para nuestros hijos. Sufrimos cuando fallan y saltamos de alegría cuando aciertan. Pero, ¿te has preguntado alguna vez qué escucha tu hijo en su cabeza cuando comete un error en medio del partido?
Esa «voz interior» que todos tenemos no nace de la nada. Durante las etapas de formación, el diálogo interno de un deportista es, en gran medida, un eco de las voces de sus figuras de referencia. Y más allá de en otros contextos familiares, otras figuras de referencia quiero hablar de la figura de los padres.
Lo que tú dices en el coche de camino al entreno, cómo reaccionas ante una derrota o en qué te fijas al terminar el partido, se convierte en la forma en que ellos aprenderán a juzgar como importante o no dentro del deporte, y por tanto se podrá desarrollar esa forma de evaluación hacia sí mismos el resto de su vida deportiva.
El peso de las expectativas:
Muchos bloqueos que vemos en la pista no se deben a que no saben como hacerlo o que hacer, sino por un exceso de carga emocional. Cuando un deportista está más pendiente de mirar a la grada o al banquillo tras un fallo o en un momento importante de la competición, algo está fallando.
Si nuestro feedback se centra siempre en el resultado («¿Habéis ganado?», «¿Cuántos goles has metido?»), el niño aprende que su valor como deportista (y a veces como persona) depende de un marcador. Esto genera un miedo paralizante a decepcionar a la gente. El deporte deja de ser un espacio para disfrutar y aprender pasándolo bien a convertirse en un examen constante donde el error se vive como una tragedia que puede dañar su autoconfianza.
Queremos que sean adultos sanos y fuertes mentalmente, y para eso, el deporte debe ser el medio, no el fin.
Una estrategia para entrenar
Para ayudarles a desarrollar un diálogo interno protector y motivador, os propongo una idea práctica para poner en marcha nada más terminar la competición o entreno:
- Cambia el foco de tu feedback.
La estrategia: Durante la próxima semana, olvídate del marcador. Fíjate y comenta únicamente acciones relacionadas con los valores y el proceso: el esfuerzo para llegar a un balón, el compañerismo tras un fallo de un compañero o el compromiso en el entrenamiento.
Cuando los adultos que son referentes se fijan en el proceso, el deportista aprende a valorarse por su trabajo y no solo por el éxito inmediato. Así, su voz interior empezará a decirse: «Lo he hecho lo mejor posible, puedo intentarlo otra vez»en lugar de «Si fallo, decepcionaré a todos».
Recuerda: Tu hijo dejará de jugar algún día, pero la voz con la que aprende a hablarse hoy, le acompañará siempre.


