¿Alguna vez has sentido que haces todo lo posible por rendir bien, pero algo en tu cabeza te frena? Que te cuesta soltar un error, cambiar el plan cuando algo no sale o simplemente disfrutar del juego.
Si te pasa esto, puede que estés experimentando lo que en psicología deportiva llamamos rigidez mental.
Y no, no significa que estés mal de la cabeza, ni que te falte motivación o disciplina. Significa que tu mente está intentando protegerte, pero lo hace de una forma que no te ayuda a rendir.
La rigidez mental aparece cuando te aferras a una manera de pensar o de actuar, incluso cuando esa forma ya no está funcionando.
Por ejemplo:
- Insistes en una técnica o jugada aunque el contexto haya cambiado.
- Te frustras rápido cuando algo no sale como esperabas.
- Te cuesta aceptar los imprevistos o adaptar tu estrategia.
- Te quedas enganchado en un error o en una mala actuación.
- Te exiges tanto que pierdes la capacidad de disfrutar o improvisar.
En resumen, es tu mente “atascada” en el control. Y como buen deportista sabes que el deporte está lleno de variables que no se pueden controlar.
Desde la psicología sabemos que esto no es una cuestión de carácter, sino de cómo responde tu cerebro bajo presión.
Cuando estás en una situación de estrés, un partido importante, una final o una mala racha, tu cerebro activa una parte llamada amígdala, encargada de reaccionar ante el peligro.
El problema es que no distingue entre una amenaza real (como un león hambriento) y una simbólica (como fallar un penalti o quedar mal ante otros).
En ese momento tu mente entra en modo defensa: el cuerpo se tensa, respiras más rápido, la atención se estrecha y tu parte racional, la que te ayuda a pensar con claridad y adaptarte, pierde fuerza.
Por eso repites los mismos errores, dudas o te bloqueas. Tu cerebro no está saboteándote, está intentando protegerte. Pero en el deporte, protegerte demasiado también te limita.
Aquí tienes algunas señales frecuentes que veo en consulta con deportistas:
- Te frustras con facilidad cuando las cosas no salen como esperabas.
- Sientes que necesitas tenerlo todo bajo control para rendir.
- Te cuesta improvisar o cambiar el plan en mitad del partido.
- Eres muy crítico contigo mismo y te cuesta aceptar el error.
- A veces tienes la sensación de jugar con la cabeza llena.
- Cuando fallas, te cuesta soltarlo y sigues pensando en ello.
Si te reconoces en varias de estas frases, es posible que la rigidez mental esté interfiriendo con tu rendimiento o con tu disfrute.
La buena noticia es que se puede trabajar. En consulta no intentamos eliminar la rigidez, sino entrenar la flexibilidad mental: la capacidad de ajustar tus pensamientos, emociones y acciones según lo que está pasando, sin perder el foco ni la confianza.
Cada deportista tiene su historia y su manera de pensar, pero normalmente trabajamos en tres niveles:
- Autoconciencia y detección
Aprender a reconocer los patrones mentales que te bloquean. Detectar cuándo aparece la rigidez, cómo la notas en el cuerpo, qué pensamientos la acompañan. Sin juicio, solo observación.
Cuando entiendes lo que te pasa, dejas de pelearte contigo y empiezas a gestionarlo.
- Reestructuración cognitiva
Trabajamos en modificar esas ideas rígidas o exigentes. Por ejemplo, pasar de un “si fallo, decepciono a todos” a un “el error forma parte del proceso”.
No se trata de repetir frases positivas, sino de construir una manera de pensar más flexible, realista y funcional.
- Entrenamiento mental aplicado
Aquí pasamos a la práctica: aprender a soltar, adaptarte y mantener la calma bajo presión. Usamos herramientas como el mindfulness, ejercicios de respiración, visualización o simulaciones de presión en contexto deportivo.
Todo enfocado a que tu cerebro aprenda a responder de forma más flexible cuando compites.
Así como entrenas tu cuerpo y tu técnica, la flexibilidad mental también se entrena.
Cuanto más trabajas esta parte, más capacidad tienes de adaptarte, soltar y mantener la concentración en el presente, incluso cuando las cosas no van como esperabas.
Y eso, en el deporte, marca una diferencia enorme:
- entre reaccionar y responder,
- entre frustrarte y aprender,
- entre rendir con tensión o rendir con confianza.
Si te has sentido identificado en alguno de estos puntos, quizá sea el momento de hacer algo diferente. Trabajar la mente no te hace débil, te hace libre.
Raquel Venque
Psicóloga del Deporte


